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13 feb 2023

Relato regalo de San Valentín

  SID Y NANCY

 

El loco destino, me jugó otra vez una de sus locas desventuras. No tenía pensado levantarme tan temprano ese día, además era feriado. Y, a decir verdad, la cama estaba muy cómoda y calentita.

Pero tenía una cita, no piensen mal.  No, aún no. Quedé con esa loca amiga que todas tenemos, esa loca que nos hace levantar un feriado temprano, solo para que la acompañe a una venta de ropa, muy especial y súper cool, y que solamente según ella, íbamos a conseguir las mejores prendas y a buen precio. Solo y solo sí, madrugábamos e íbamos temprano…

A mí se me ocurrió decirle que sí, tonta yo. Pero es lo que se hace por una amiga, que tiene el corazón roto y está un poco bajón.

El día comenzó bien, desayunamos bien abundante. Ya que al lugar donde fuimos tenía cositas caseras muy ricas. Y de tanto charlar, nos dimos cuenta que el madrugar no nos sirvió de mucho, ya que se nos estaba haciendo tarde.

¡Cómo me hizo correr esta loca! Estaba desesperada por llegar, que no íbamos a conseguir nada barato y de buena calidad y bla bla. En fin, cuando llegamos era un caos de gente, pero la verdad que el lugar era muy lindo, y lleno de percheros y de ropa muy copada y variada.

Creo que nos pasamos horas, revolviendo prendas y probándonos y haciendo combinaciones desde las más recatadas hasta las más osadas.

La pasamos genial y fue una mañana muy divertida, hasta que llegamos a un perchero de camperas y chalecos de cuero, muy originales y sinceramente con unos diseños de muerte.

Estábamos enloquecidas con esas prendas tan particulares y diversas, hasta que me volví loca al ver unos zapatos soñados y me lancé a agarrarlos. Lo que conseguí fue un choque de cabezas fuertísimo que me hizo ver estrellitas.

¡Qué feo sonó el golpe! ¡Qué bruto el hombre que me propino semejante cabezazo!

 

–¿Pero tenga cuidado hombre, no ve que me hizo daño? – reproché enojada, mientras me frotaba la cabeza, sentía que de a poco se estaba formando el chichón y a su paso me sentía cada vez más furiosa.

 

–Usted se agacho sin mirar, fue usted la imprudente. – escuché que me contestó el culpable con un acento un poco extraño, lo primero que pensé, fue si tenía la boca llena con algo. Pero cuando levante la mirada, y levante mucho la mirada, y lo vi, me quede helada.

Primero me quedé pensando cómo pudo haberse producido el choque de cabezas, ya que era tan alto que no me daban las medidas, no soy tan petiza, mi amiga diría que la medida es la normal, 1, 65.

Pero este hombre superaba mi altura y por varias decenas de centímetros. De largo y de ancho, y de ancho por, sobre todo. Era todo un ropero, su aspecto casi me hizo olvidar porque estaba tan enojada, y al rascarme la cabeza, acto reflejo que tengo cuando me quedo sin palabras, que no sucede muy a menudo, el dolor me hizo recordar el porqué de mi enojo.

 

–¿Me está diciendo que yo tuve la culpa? Fue un accidente, pero al menos la educación te obliga de pedir disculpas a una mujer. –le contesté muy enfadada a pesar de la atractiva visión que tenía enfrente mío. Unos 1,95 de puro hombre, piel asoleada, mandíbula cuadrada, con un hoyuelo en la pera, pelo rubio, y unos ojos enigmáticos, ya que estaban tapados por unos anteojos aviador, como los que usaba Tom Cruise en Top Gun.

Creo que por un instante me babee, pero por suerte fue imperceptible. Lo miraba asombrada, frotándome el chichón que ya lo notaba, y preguntándome como es que a él no le dolía nada y a mí me estaba saliendo un huevo en la cabeza.

 

–¿Yo pedir perdón? Fue usted la bruta que me dio el cabezazo.

 

 ¿¡Bruta, me dijo bruta a mí!?

A nooo, ahora sí, se me salta la cadena como dicen mis amigas, no hay guapetón que se salve de esta.

Mi ceja levantada de la bronca, estaba casi por salir disparando de mi cara. Me encuadré poniendo mis brazos en jarra, muy, pero muy enfadada con este machazo, que no tiene la buena educación de pedirme disculpas después del cabezazo que me propino.

 

–Mira nenito lindo, el que seas un bombón de dulce de leche, no te exime que no hayas aprendido buenas costumbres y me imagino que en el país en donde te criaron, te habrán enseñado a pedir disculpas a las damas. –Le dije furiosa, moviendo el pie nerviosa, esperando una respuesta, y si esa respuesta era una disculpa mejor.

Pueden creer que el guapetón no solo no me dio la disculpa, sino que se acomodó sus lentes, resoplo, pegó media vuelta y se fue.

Me dejo ahí, con el chichón, enojada y sin disculpas.

–¡Ey, maleducado, pedime disculpas! ¿A dónde vas?

–¿Qué te pasa loca? –me pregunta mi amiga, tomándome del brazo y alejándome de la muchedumbre que se estaba formando al haber levantado la voz.

–¿No viste lo que paso Sil? Me dio un flor de cabezazo y encima no fue capaz de pedirme disculpas, y además está re fuerte, ni chance me dio de hacerle ojitos. – Toda esta frase acompañada de unos pucheritos terribles, y con los brazos cruzados. Bien de berrinche de nena caprichosa.

–Si me di cuenta que no te pidió perdón, pero estas haciendo un escándalo loca, déjalo pasar.

–¡Que lo dej…! –Y me callé, porque si no explotaba con ella también. Ufa, además de no haberle visto los ojos, que era todo lo que me quedaba por descubrir de ese hermoso guapetón, me quede de souvenir un hermoso chichón, que ya estaba latiéndome y molestándome al punto de ponerme berrinchuda por todo.

–Está bien, sigamos. Ya me duele la cabeza.

Después de probarnos unos cuantos trapos más, por fin la convencí a la loca de mi amiga de ir hacia una caja.

Cuando estábamos pagando, muy contentas y eufóricas por nuestros hallazgos de moda, me puse a revolver en la cartera, ya que mi billetera se había ido para el fondo de la misma, y no podía alcanzarla.

Al maniobrar y pegar el tirón para sacarla, tire muy fuere la mano hacia atrás, con la mala suerte de aterrizar sobre la cara de alguien. Inmediatamente se escucharon unos improperios, en otro idioma, no los entendí, pero me imaginé que no eran muy elegantes, y por el tono de la voz era un hombre. Al instante hice un ademán de encogerme, de la vergüenza, y cuando me pude dar cuenta que el hombre dejaba de quejarse del golpe, comencé a darme la vuelta despacito.

Mi cara de pedir disculpas, pasó a ser de incredulidad, al darme cuenta que el dueño del golpe, era el mismo del cabezazo. Vaya Karma, pensé.

Cuando comencé a intentar disculparme, para que vea y se lo iba a recalcar, que yo si soy educada, su cara cambio de dolor a seriedad total, y a enojo terrible. Dios, este buen hombre se enojó demasiado para mi gusto. Quede con la boca abierta, detenida en tiempo y espacio, por su gesto de enojo.

Cuando tome coraje y aire, para comenzar a disculparme otra vez, no tuvo mejor idea que sacarse los lentes.

Y ahí sí, quede detenida en tiempo y espacio, pero esta vez literal, con la mano levantada y el dedo índice en el aire, pretendiendo armar unas disculpas que nunca salieron de mi boca. En mi vida había visto unos ojos tan celestes y profundos. Eran color del océano, de esas fotos que vemos de alguna isla tropical, esa mezcla rara de celeste casi índigo, y totalmente hipnóticos. Y así me quede, con cara de tonta, mirándole los ojos. Notando que gesticulaba, hasta que de pronto me di cuenta que no solo gesticulaba. ¡Me estaba gritando! ¡Y en otro idioma!

–¿Se está vengando verdad? ¡Qué educada de su parte!

–¿Qué? – contesté medio embobada volviendo a tierra y poniéndome en guardia frente al guapetón. –¡Educada soy! Estaba por pedirle disculpas, justamente cuando usted empezó a decirme, vaya a saber cuántos improperios en otro idioma que no conozco, y por lo tanto no me da chance de contestarle. – Tomá, ahí fue todo lo que tenía atragantado, se ve que no fue muy lejos de la realidad, ya que el guapetón se puso colorado. –Ah mire usted, así que yo tengo razón. ¡Su sonrojo me está diciendo que si me estaba insultando!

–Disculpe yo, no quería, no era mi intención, es que me agarro desprevenido…y…– Se disculpaba casi balbuceando, al borde de ponerse rojo como una manzana. Lo miraba, y me decía para mí, una apetitosa manzana…

–Está bien te disculpo, guapo. – le retruqué con una sonrisa de triunfo en la cara, ya que me sentía ganadora de esta partida. – Espero que no sea costumbre de tu país, tratar a las mujeres así, ¿no?

–¡No! Para nada, en Australia somos unos caballeros con las damas. – me contesto ya más distendido.

–Espero estar dentro de tu catálogo de damas, porque por el ejemplo que me estás dando, dista bastante de eso.

El muy caradura se me quedo mirando, con una sonrisa de costado. No sabía si romperle la cara de un cachetazo, al hacerme creer que no estoy dentro del catálogo de dama, o partirle la boca de un beso, por darme esa media sonrisa tan sensual y derrite bombachas que me estaba dando.

–Por supuesto señora dama, aunque por momentos...– se quedó pensativo, mirándome a los ojos.

–¿Por momentos qué? – a pesar que me estaba matando con la mirada, tenía muchas ganas de seguir conociéndolo.

–Nada, nada, con su permiso, necesito terminar mi compra.

Encima tuvo el tupe de dejarme con la frase a medio terminar. Pero tuve que dejarlo pasar, pero sin dejar de fruncir el ceño y con un puchero en los labios.

 

Retomamos, cada uno el fin de la transacción, yo seguía con el puchero en la cara, ya que quería seguir dándole charla al guapetón, y él con los lentes puestos, y esa media sonrisa de lado, que, junto con el hoyuelo en la pera, era un ufff, no hay parámetro para comparar.

Al terminar de pagar, cada uno de su lado, nos dirigimos una mirada media pícara, que terminó por dejarme media mareada, y cada uno agarro todas sus cosas y se marchó por su lado.

Llegué a casa en una nube, Sil no paraba de hablarme de todas las cosas lindas que nos habíamos comprado y bla bla. Y yo seguía repitiendo en mi mente, el fugaz pero fuerte encuentro con mi guapetón australiano.

–Australiano…–- dije así como en trance.

–¿Que dijiste loca? ¿Hace media hora que te cuento lo que me compre y vos solo atinas a decir Australiano, que te pasa? ¿Tan mal te dejo ese tipo?

–Guapetón nena, y de Australia.

–Si vos lo decís Nan, estaba bueno, pero tampoco para ponerte así. El cabezazo te dejo mal, tenés que ponerte hielo en la cabeza, te veo el chichón de lejos.

Automáticamente me puse la mano sobre el mismo, sintiendo el punzante dolor, que me hacía recordar aún más al dueño de la inflamación.

 

Al llegar a casa nos pusimos a desembolsar todo lo comprado en la cama y revisar nuestros logros.

Hasta que mi amiga me dice muy asombrada.

–¿Pensas regalarle semejante campera de cuero a alguien, puedo saber a quién sería? ¿Es enorme, mira que espalda?

Me di vuelta con cara de interrogación, y de pronto al darme cuenta de lo que estaba hablando, la sangre se evaporo de mi cara.

–¡Ay Dios, me la mande y fea! – Dije tomando la campera en mis manos.

–¡Esto no es mío gorda, es de él!

–¿De quién? ¿No entiendo, le sacaste una prenda a alguien que la quería comprar?

–¡No!! ¡Tarada! ¡Es la campera del guapetón!! Cuando estaba pagando, seguro se mezclaron las bolsas con toda la ropa que compré.

–Está bien que no te haya dado bola nena, pero robarle no da. –me recriminaba Silvia con gesto serio.

–¿¡Que decís nena, no me entendiste que fue por error?! Estaba tan embobada en él que no me di cuenta que me estaba metiendo SU campera en la bolsa con MI ropa. ¡Qué vergüenza!

–¡Vamos a tener que revisar si hay algo dentro que lo identifique! – dijo mi amiga, después de estar mirando la campera las dos juntas, como esperando que en algún momento nos fuera a hablar.

–Si tenés razón, me da cosa revisarla, pero no nos queda otra. Porque si vamos a la tienda para preguntar si tienen datos, no nos van a dar nada y nos van a tildar de locas o peor.

–La chorra sos vos, que quede claro. – se lavaba las manos mi amiga con las manos en alto.

–Gracias amiga, siempre confié en vos para darme una mano cuando estuviera en una situación complicada.

Con vergüenza y timidez, comencé a revolverle los bolsillos esperando encontrar alguna pista de este guapetón y poder devolverle la campera, y quizás, bueno tratar de entablar una linda amistad. Con suerte, digo con mucha suerte. Aunque dadas las circunstancias, y pensando su actitud, creo que lo de bonita amistad se me iba a complicar un poco.

Por suerte, encontré un bulto en uno de los bolsillos internos de la campera, y para más satisfacción, ¡era una billetera!

La loca gritaba y saltaba de alegría sosteniendo la billetera como si fuera el ticket ganador de la lotería, muy dentro de mí, realmente creía eso. Al menos las esperanzas nunca se pierden, ¿no?

 

Tome la billetera en mis manos, y cuando me disponía a abrirla, siento la cabeza de mi amiga apoyándose en mi hombro, con cara expectante, esperando que yo siguiera con la apertura del tesoro.

–¿Qué haces? ¿Ahora estas entusiasmada? Recién te lavabas las manos. – le reproché haciéndome la enojada, nunca podría recriminarle nada en verdad. Pero tenía ganas de pelear un poquito.

–Dale, deja de hacerte la intrigante y abrí la billetera. – me dijo sin dejar de mirar con el ceño fruncido por sobre mi hombro.

–Roger Miller. – dije en un susurro, esperando que su nombre me dijera algo más.

–Lindo nombre. No mentía, vive en Australia, Sídney para ser más precisos, ¿será vecino de Nemo? Cuac. –la loca de mi amiga se moría de risa por su chiste, mientras yo me perdía en la foto de su carnet de conducir.

–No hay número de teléfono, ¿y ahora qué hacemos?

–Indagar en la tecnología tontita. – mi amiga es una luz para eso.

Así fue que investigando en la web pudimos dar con su Facebook y así con el chat de la aplicación.

 

Nos contestó recién muy tarde por suerte, si no nos llegaba a contestar, creo que esa noche no dormíamos de los nervios.

Al principio fue muy ruda la respuesta, me costó convencerlo que realmente quería devolverle la campera y sus cosas y no raptarlo o algo así. ¡Qué desconfiado el hombre por Dios!

Nos pusimos de acuerdo en vernos en la puerta de su hotel, esa misma noche, ya que tenía que partir al día siguiente.

–Esto me da mala espina. – me decía Sil, a ella no le gustaba nada que vaya yo en persona a dejarle la campera. Pero estaba empecinada en ir, quería a toda costa volver a mirarlo a los ojos, aunque sea por enojo.

Me fui armada de coraje, a la espera de una aventura.

Me acerque a la entrada del hotel, ya con un poco de menos coraje, pensando que tal vez si fue un error traer las cosas yo solita. Era muy tarde y, a decir verdad, estaba todo muy oscuro.

–Hola, Roger. ¿Estás por ahí? – llame tímidamente.

–Bueno, parece que al fin te saliste con la tuya. – Escuche, a un lado, y casi me patino del susto, al girar de golpe. –Perdón, no quería asustarte, estaba chequeando que estuvieras sola.

–¿Pensabas que venía acompañada, que esto era una trampa? – ya levantando la voz un poco enojada.

–¿Y por qué no puedo pensar eso? Mis cosas desaparecen en un local, y luego te desesperas por devolvérmelas en persona ¿Qué quieres que piense?

Tenía razón, mi amiga pensaba lo mismo. Pero soy tan cabeza dura que me meto en problemas la mayoría de las veces.

–Yo solo quería dártela en mano, como vez estoy sola, no pretendía nada más. Tomá, me voy. De nada. – le di la bolsa con las cosas, ya decepcionada y hasta algo enojada, al borde del puchero y el llanto.

–Espera, lo siento. Tienes razón, me exprese mal. Mi estadía en este país no es solo por placer y me está afectando en mi humor. – dijo tomándome del brazo impidiéndome que me vaya.

Cuando estaba claudicando y tratando de no hacer notar tanto mi felicidad, una sombra apareció detrás nuestro, con un arma en la mano.

–A ver tortolitos, que tiernos, pero de acá no se mueve nadie, sin darme todo lo de valor que tengan. – dijo el ladrón con una voz escalofriante.

Roger se dio vuelta para mirarme, como si me acusara de haber preparado todo.

–Te juro que no tengo nada que ver con esto. – le contesté atemorizada, y me creyó porque su cara se transformó a enojo, y de golpe se puso delante de mí, protegiéndome del malhechor.

–¿Será mejor que hagamos lo que dice, ¿no? Está armado. – le susurré a Roger, y tratando que el ladrón no escuchara.

–Si se calma podemos llegar a un arreglo, pero baje el arma, no es necesario que nos apunte.

Dios, Roger trataba de calmar al ladrón y yo estaba temblando como una hoja, del miedo me sujete a su remera por la espalda, mientras que el me protegía con su cuerpo y con un brazo hacia atrás me sostenía por la cintura.

–Acá el que manda soy yo, vamos muévanse más hacia el callejón y vemos como seguimos. – ordenó el ladrón moviendo de manera peligrosa el arma.

De a poquito y haciendo marcha atrás fuimos desplazándonos hacia donde el ladrón nos guiaba, pero mirando de reojo para todos lados, tratando de encontrar a alguien para pedir ayuda. Pero por lo tarde que era, no había nadie en la calle en ese momento.

Un sentimiento de culpa de pronto se apodero de mí, y mis ojos se llenaron de lágrimas.

–Todo esto es mi culpa, – dije sollozando –solo tendría que haber dejado en recepción tus cosas e irme. Todo es por mi tonto capricho de volverte a ver. – confesé al borde de las lágrimas, que no me dejaban ver.

Roger, paró en seco y giro la cabeza, para mirarme asombrado.

–No te culpes Nan, pero si hablaremos largo y tendido cuando todo esto termine.

Esa frase me sonó raro, no sabía si llorar por la culpa o por el tono amenazante de la frase.

Pero tampoco me dejo pensar mucho al respecto, porque en una toma digna de película, tomo el arma del ladrón y comenzaron a pelear.

Hasta que de repente se escucharon tiros, y alboroto. Yo salí empujada hacia un rincón, trastabillé y caí al piso.

Cuando todo el alboroto se calmó, y pude entender lo que paso. Me sentía más confundida que nunca. Roger tenía en el suelo al malhechor apresándolo con una rodilla en la espalda. De golpe la gente empezó a rodearnos, y el maldito ladrón al llegar la policía no tuvo nada mejor que decir que nosotros lo habíamos atacado de la nada.

Cuando nos disponíamos a explicar todo, nos dimos cuenta que la bolsa y mi cartera ¡ya no estaban!

El ladrón no estaba solo, como comúnmente pasaba, y de ser las víctimas, fuimos nosotros los malhechores.

Y terminamos siendo arrestados.

Por suerte, a pesar de todo el susto, fuimos demorados en una pequeña oficina de la comisaria, a la espera de que las averiguaciones pertinentes hasta poder aclarar todo este malentendido.

Teníamos a favor los testigos que se pudieron acercar, ya que estaban declarando a nuestro favor. Claro, como yo no tenía mi DNI y Roger su pasaporte, deberíamos esperar a que la policía corrobore nuestros datos.

Estaba sentada en el fondo de la fría oficina, en una destartalada silla, totalmente helada, con los codos en las rodillas y sosteniéndome la cara, no sé si temblaba más del frío o de la bronca que sentía.

Roger, se encontraba caminando de lado a lado de la oficina, como gato enjaulado, con los puños cerrados, con tanta fuerza, que tenía los nudillos blancos.

–No puedo creer que nos pasara esto. – dije furiosa.

Mi bronca era terrible, pero mi frase no fue la más acertada, al menos no para Roger, que se dio vuelta con la cara transformada de la ira al borde de explotar.

–¡No puedes creerlo! ¡Si estamos acá por tu culpa! – me grito, exponiendo el enojo que sentía.

–No fue mi culpa, yo también soy víctima. – no podía creer que me estuviese echando la culpa de esta situación.

–¡Claro que sí! ¡YO no puedo creer que te haya hecho caso y encontrarnos así nada más en la calle! ¡A cuantos incrédulos hiciste caer en esta trampa de esta manera, dime! – de golpe se me acercó y me tomo de los brazos para levantarme de manera brusca de la silla.

Estaba aterrada, no solo sentía frio, sino que encima me estaban sacudiendo con fuerza y me estaban echando la culpa de ser cómplice de un delito.

–Te dije que no fue mi culpa, nada de esto fue planeado, ¿qué te crees que soy? – ya no podía disimular lo me herían sus palabras, las lágrimas caían demostrando mi impotencia.

Se apartó de mí como si quemara, creo que se arrepintió al instante lo que había hecho. Dio media vuelta tomándose el cabeza, y hablando en su idioma. Yo seguía dura, parada donde me dejo, llorando como tonta. Solo atine, a taparme la boca, para no dar tanta vergüenza y que tratar de aplacar mis sollozos.

Las piernas me fallaron, y fui a parar al suelo de rodillas, ya no veía donde estaba, solo me tapaba la cara con las dos manos, y lloraba sin consuelo.

Roger se dio cuenta de cuan brusco había sido, y decidió consolarme. Se arrodillo frente a mí y me abrazo, acunándome. Pidiéndome disculpas.

–Lo siento, nena. Te juro que me enceguecí, no llores, por favor.

Pare de llorar, pero comencé a temblar del frio. Me estaba congelando, y al notarlo mi guapetón, se sentó mejor en el suelo, y me arrastro sobre él. Abrazándome, para darme calor.

–¿Qué haces?, te voy a ensuciar la remera. – dije acongojada, porque el rímel le iba a manchar toda la ropa, pero, a decir verdad, estaba muy cómoda en sus brazos.

–La remera es lo menos en este momento, te estás congelando. Por la mañana saldremos de acá, eso espero ¿no? ¿La justicia en tu país es muy lenta?

Levante la cara para mirarlo de frente y me dio risa su expresión, no pude ocultarlo.

–¿Qué te hace gracia? – me pregunto, mirándome como si viera a una loca.

–Tu expresión, toda la situación. No sé cuánto tiempo estaremos acá, a decir verdad. No puedo comprender como la situación se puso en contra nuestra. – frunciendo el ceño, tratando de entender como pasamos a ser nosotros los malos.

Sentí su caricia en mi cara, tratando de desfruncirme la mueca.

–No hagas eso, ya todo paso, realmente me asuste cuando el ladrón te apunto con el arma.

 Nos quedamos mirándonos a los ojos, a decir verdad, me volví a perder en su mirada.

–Cuando salgamos de acá, espero que siga en pie lo de la charla que me prometiste en el callejón. – le dije tímida, sin dejar de mirarle la boca. Lo noto, porque bajo su mano a mi mentón, deteniéndose sobre mis labios y marcando el contorno de ellos con su pulgar.

–Debo confesar que me tienes intrigado porteñita.

–¿Intrigado? ¿Y por qué guapetón? – pregunté más calmada, y entrando en calor por sus caricias y su ardiente mirada.

–¿Guapetón? Ja. Ese no es mi nombre, “porteñita”. Aunque mis amigos me dicen Sid, por mi ciudad natal. – y con esa frase, mi cabecita loca se disparó a full, haciendo las comparaciones pertinentes, por su apodo y el mío.

No pude dejar de sonreír al respecto, y una carcajada se me escapo, aunque intente taparme la boca con la mano.

–¿A qué viene tanta risa? ¿Te hace gracia mi apodo porteñita? – me recalcaba el mío como si fuera a descargarse de mi tan querido apodo de guapetón.

 

–¿Es que no te das cuenta? Le exclame tomándole la cara con las dos manos para que me prestara atención. –¡Somos Sid y Nancy! No puedes negar, que a pesar de todo lo que nos pasó, encima nuestros nombres juntos son particulares.

Se me quedó mirando un momento, pensando toda la situación. Hasta que, por sus gestos, me di cuenta que estaba comprendiendo la situación.

Comenzó a reírse de una manera que, para mí, era música. Una carcajada bien masculina y sensual. Mis manos bajaron por el movimiento hasta su pecho, y no podía apartar mi mirada de la suya. Él noto lo mismo, porque al momento su gesto comenzó a cambiar y se empezó a poner más serio. Sus ojos bajaron a mis labios, y luego subieron a mis ojos, como pidiendo permiso de avanzar.

Yo ni lerda ni perezosa, no necesite permiso de nadie, comencé a acercarme a su boca.

–No soy rubia, y vos no tenés pinta de punk, pero creo que podríamos tener una bonita historia, ¿Qué te parece la propuesta?

–Claro que si Nancy – susurro sobre mis labios, al mismo tiempo que me daba esa sonrisa matadora, derrite bombachas.

Sellamos el pacto con un beso de novela, de esos besos que te hacen sentir en las nubes y escuchar fuegos artificiales al mismo tiempo.

Por suerte, todo se aclaró rápido en la comisaria y por la mañana ya estábamos libres, y dispuestos a conocernos un poco más.

El conoció más a su porteñita, y yo también a mi guapetón.

 

 

                                                         FIN






6 may 2016

Tu piel en mi piel- Capítulo 2

Capítulo 2.

Todo parecía ser monótono y nada especial, pero no termino así el día.
A pesar que tuvo que poner toda su fuerza de voluntad para no sonrojarse cada vez que lo miraba a la cara, Kat se vio sorprendida más de una vez, y roja como un tomate más de una vez. Ya estaba pensando que se lo estaba haciendo a propósito. Si hasta creyó que se reía, cuando la notaba que le escapaba la mirada.
Hoy tenían una reunión muy importante, para definir los pasos a seguir, para hacer hilado fino y seguir averiguando de donde salía tanta plata, si era un error o alguien estaba haciendo un buen trabajo para robarles.
Rachel, pudo zafar de la reunión porque tuvo que hacer diligencias en los bancos. Para pedir información externa sobre los misteriosos movimientos bancarias. Estaban casi seguras, que era el trabajo de hacker, por lo limpio y prolijo de los movimientos, que casi era imposible saber bien a donde se dirigían los fondos.
El día siguió como siempre, tedioso. A Walter se lo notaba nervioso, y hasta cansado. Este gran problema era terrible para las finanzas y la reputación de la empresa.
Sorpresivamente, la jefa de finanzas, no pudo estar en la reunión. Con la excusa de un viaje urgente de negocios, y por suerte para algunos, la reunión sería más amena junto a los otros ejecutivos que al frente de la señora frívola, como la llamaban.
El Sr. Sokov si se quedo a la reunión, y por fortuna se había sentado lejos de Kat, ya que el nivel de repulsión que le tenía, la desconcentraba constantemente. Y necesitaba estar bien atenta para ser la mano derecha de Walter ante el resto del directorio.
En medio de una reunión, el aire comenzó a salir espeso por los ductos de aire, lo cual llamo la atención en menor grado, y luego el infierno se desato.
La alarma de incendios comenzó a sonar furiosa, todos empezaron a mirarse extrañados, y luego se escucho el estruendoso…. PUM!!
Comenzaron a salir lo más calmados que podían, juntando las cosas lo más rápido posible, y ayudar al resto de la gente que no era asidua al lugar a encontrar la escalera para poder evacuar en orden.
Kat volvió a su escritorio a juntar sus cosas, cuando vio salir a Walter, de su oficina, algo preocupado, mirando alrededor.
             –Vamos todos debemos evacuar. –, dijo con preocupación y ese tono fuerte y autoritario que le provocaba mareos cada vez que lo escuchaba hablar de esa manera. Sacudió su cabeza, para ubicarse en tiempo y lugar.
            –Kat contrólate, estamos en medio de un incendio, no fantaseando con tu jefe.­– se repetía dentro suyo. Aunque debía confesar que más de una vez, su mente salió volando por ahí, fantaseando mil cosas. No se podía negar que seguía teniendo consideraciones especiales hacia ella, a pesar de esa extraña charla que habían tenido, especialmente para su cumpleaños anterior. Recibió un ramo enorme de calas, su flor favorita, todavía le quedaba la incógnita de donde supo que esas eran las flores adecuadas. Ese gesto junto con el sonoro beso que le estampo en la mejilla, que la dejó en estado de shock, fueron las dos cosas más llamativas que le sucedieron con él, llamativas y agradables, por otro lado estaba esa extraña charla, pero prefería recordar la agradables, ojala significaran algo más, pero ella sentía que era imposible, su posición y no solo la laboral, los mantiene más que alejados.
Volviendo a la realidad, por el incremento de la alarma de incendios, decidió finalmente salir de una vez del lugar. Cuando de golpe sintió una mano fuerte que le tomó del brazo, y sobresaltada giró dando un pequeño salto.
             –No te asustes, todo va a estar bien, yo te acompañaré. Es importante que mantengas la calma.– Lo miró como pavota a los ojos, perdida en ese azul cobalto que la hace temblar al imaginar miles de situaciones.
Se dirigieron a la salida, más que llevarla, la arrastró junto a él, después de asegurarse que nadie más estaba en el sector. Tomaron la salida de emergencia, notando que seguía bajando gente corriendo muy alterada.
Walter la cubrió con su cuerpo, protegiéndola de la horda que bajaba desesperada. Kat sintió su perfume y cerró los ojos, tratando de dejarse llevar por el momento, sintiéndolo cerca, protegiéndola.
            –Dios, me siento en el cielo, y eso que solo es un abrazo. – pensaba en silencio. Pero fue breve, ya que cuando tuvo la oportunidad la tomo nuevamente del brazo y la arrastró escaleras abajo. Tratando de seguirle el tranco, hasta que no pudo más, ya que venía llevando tacos.
            – ¡Espera un segundo!– le grito, –tengo que sacarme los zapatos. –
Y así lo hizo y los tiro por ahí, prefería andar descalza que como tortuga en ese momento.
            – ¡No puedes andar descalza! – enojado le reprochó.
            –No me importa, son solos unos zapatos, no puedo ir rápido en ellos, además podría caerme y lastimarme un tobillo, es mejor así –, le contesto segura de mi misma.
Se la quedo mirando como si le hubiera crecido un cabeza más, quizás porque no estaba actuando como cualquier otra mujer que nunca renunciaría a unos zapatos, la verdad que  para ella en este momento le importaba más salir pitando de ahí que andar en esos zancos incómodos, que solo usaba para ir a trabajar.
            –Bien, sigamos. El aire se está poniendo muy denso, tenemos que apurarnos. – sin poder evitar toser.
Y por desgracia llegaron a un punto en la que la escalera se terminaba y debían retomar el camino dentro del edificio, para poder salir por el anexo. Parece que la construcción fue añadida a un viejo edificio y solo se podía seguir por escaleras de esa manera.
Cuando ingresaron al edificio todo era un caos, mucho humo, gente gritando y corriendo. Por un momento Kat creyó que lo perdería de vista, por la cantidad de gente que había a su alrededor y los empujaba. Se alejaron un momento, debido a los empujones de la gente.
Kat empezaba a entrar en pánico, no era nueva en el edificio y a pesar que podía seguir a la horda de gente, le daba mucho miedo perderlo a él. Pero Walter al percatarse de su desesperación, la tomo fuerte de la mano y la siguió guiando. Estaba muy sudado y con el saco y la camisa mojada, en este tramo funcionaban las tomas de agua, y parecía que estaba incómodo y pegoteado.
            – ¡Quítate el saco!, le grito, tratando que la oyera por sobre el ruido de las sirenas y la gente. – ¡te ves demasiado incomodo!
             – ¡Estoy bien, solo es un poco de agua!
            – Quítatelo estas muy empapado, se debe sentir difícil para correr!– insistió Kat. Y finalmente accedió, y se perdió admirándole el cuerpo, la camisa empapada y pegada a ese cuerpo musculoso.
Hasta que un grito poco normal, la saco de su ensoñación. Escucho a una niña, llorando y gritando desesperada por su madre, se encontraba en un rincón agachada.
            –Hay una niña allá, ¡debemos ayudarla! – Walter no perdió un segundo y la siguió hasta donde se encontraba la niña.
            – ¿Cariño, te perdiste? ¿Con quién estabas? – le pregunto Kat agachándose y acariciándole la carita. La pequeña estaba angustiada, y llorando le explicó que la gente la empujó y se soltó accidentalmente de la mano de su madre. Se asustó y comenzó a llamarla. Este gesto no paso desapercibido por Walter, era un detalle más que sumaba a los actos de ternura que Kat tenía, y los que él ya conocía. Cada gesto, el coraje que demostró desde el primer momento que entró a la empresa, y con valentía y estudio, pudo ascender para poder llegar a su lado.
            –Te ayudaremos pequeña, no tengas miedo. – Le aseguró Walter y con decisión la tomo en brazos, y retomó el camino a la salida, no sin aclararle a Kat que lo tomara del brazo y no lo soltara. Y así buscaron el camino a seguir hacia la salida.
Al principio les costó un poco retomar el camino, el denso humo había colmado todo. Y se estaban sintiendo cansados y mareados por la inhalación del humo por lo que se estaba quemando.
Tras casi llegar a la calle, el grupo de gente se volvió más desesperada, obligando a Kat a perder de vista a Walter y a la niña. Por entre la muchedumbre, pudo ver que Walter dejó la niña con un oficial, que al parecer ya estaba al tanto que la pequeña estaba perdida. Kat intento apresurarse pero alguien la empujo muy fuerte y perdió el equilibrio, cayendo al suelo, duramente y por miedo se hizo una bola porque creyó que la muchedumbre la pisaría.
Entró en pánico y comenzó a llorar, no tenía otra opción que quedarse en esa posición esperando que la gente termine de pasar, no podía ponerse de pie, las pocas veces que lo intentó, fue empujada nuevamente al piso. Además el humo le había irritado los ojos, y eso le dificultaba aún más poder saber hacia dónde correr.
Cuando pensó que iba a ser pisoteada por el tumulto de gente asustada, dos manos la sujetaron fuerte y la pusieron de pie.
Walter sintió terror al ver que perdía de vista a Kat, ¿cómo pudo haberla perdido?, se repetía a modo de reproche.
Tan pronto como pudo, se adelantó y le dejó en brazos la niña a un bombero que estaba cerca de la salida, y volvió para buscarla. A pesar que le insistían que no volviera a ingresar al edificio. Hasta que pudo divisarla en un rincón, echa un bollo, protegiéndose con sus brazos la cara, muerta de miedo. Sin pensarlo un segundo más, se dirigió con decisión hacia donde ella estaba agazapada. No le importaba que en el proceso, chocara con la gente, ya que se dirigía a contra corriente.
             –Dios, ¿Kat te encuentras bien?– su voz salió con un tono de desesperación. Y cuando Kat alzó la cara, se dio cuenta lo preocupado que estaba por ella, le limpió las lágrimas con sus pulgares, sin dejar de soltar su cara. Y le dió un tierno beso.
            – Me asuste mucho al perderte de vista. – le susurro en sus labios.
Se quedo absorta mirándolo con los ojos entreabiertos, le parecía una escena irreal. Jamás pensó que la besaría, y mucho menos en una situación así.
            –Estoy bien, solo un poco golpeada, me caí y me asuste porque no podía ponerme de pie, gracias por venir por mi.– Dijo susurrando, envuelta en una nube de ensoñación.
            –Jamás te dejaría. – Y creyó sentir que ese jamás, realmente significaba algo.
Los próximos segundos, fueron algo así como una mezcla de imaginación y realidad, mareada por la ternura del momento y el principio de asfixia, ninguno de los dos se percato que la gente ya había terminado de pasar, y que estaban en el hall de entrada, muy cerca de un ventanal inmenso que se encontraba entre la entrada principal y la salida a la calle, que también tenía en su mayor parte más ventanales.
 Todo paso en unos micro segundos, Kat pudo notar que Walter se tensaba y la agarraba fuertemente, y por sobre su hombro pude ver reflejado en las ventanas de la entrada principal, que una bola de fuego salía despedida del edificio y los ventanales estaban a punto de explotar. El reaccionó más rápido que ella, que se quedó embobada mirando como ocurría todo en cámara lenta, la giro de forma violenta bloqueándola con su cuerpo, protegiéndola de tan grande explosión.
 Solo se escucho un estruendo muy fuerte, y apenas pudo ver antes que Walter la cubriera y me protegiera de las lenguas de fuego y vidrios salir de la explosión. Luego solo fue silencio y después oscuridad.



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5 mar 2016

Tu piel en mi piel- Capítulo 1

Capítulo 1




Empezaba el día, como cualquier otro en la oficina. Corriendo de acá para allá, con los informes que su jefe le pidió, y ella con todo gusto correría por eso y más.
Desde su pequeño y rentado departamento, esta señorita se desvivía por la empresa que la había visto crecer en lo laboral.
Un día más en Soultek S.A. Una empresa muy variada, desde tecnología, hasta comercialización de alimentos, o sea desde comida hasta tecnología, pasando por aspectos humanitarios.
Después de haberse deslomado en estudiar desde informática, hasta legales, consiguió su título de secretaria ejecutiva, y pudo escalar de a poco en esta grandiosa empresa. Para esta chica de oficina, que tanto lucho por hacerse una carrera, de más está decir que estaba muy orgullosa de cuanto había crecido.
Formaba parte del staff principal del directorio,  junto a un grupo para nada usual, no podía creer que a su corta edad y educación se le hubiera dado la oportunidad de estar a cargo de más de un proyecto en tan inmensa compañía. Que tenía sucursales dentro y fuera del país, los cuales les daba la bienvenida a cualquier empleado que pudiera estar a la altura de los requisitos.
En muy poco tiempo Katja Benson, se hizo de un lugar especial en la empresa, cosechando logros y por demás amistades en el corto tiempo que transita en ella. Junto a Kat como le llamaban se encontraba en un grupo de trabajo por demás interesante. Su mejor compañera Rachel, es una vivaracha rubia de unos 26 años. La cual sabe cómo sacarte una sonrisa, hasta en un velorio.
Los días eran bastante amenos, salvo cuando llegaba la tan odiada auditoria anual. La cual estaba encabezada por el contador de la empresa, un ser sombrío y de muy mala espina. Por desgracia era la mano derecha de CEO, aunque a veces se preguntaban y en verdad haría falta una persona tan desagradable en ese puesto.
Se comentaban muchas cosas no muy buenas de este contador, el Sr. Sokov. Se decía que formaba parte de la mafia rusa. A pesar de haber ayudado bastante con los negocios para sacar adelante a la empresa. En especial en los comienzos, que no fueron para nada halagadores.
A pesar de ir todo viento en popa, se aproximaba la famosa auditoria importante, ya que se existían cuentas y movimientos en la empresa, que a pesar de tener  siempre un exhaustivo control, no se podía saber a ciencia cierta dónde y porque, se suponía, a pesar de todo parecía ser un tremendo error, se estaban haciendo movimientos y ventas de manera muy raras o de destinos inciertos, o al menos no se podía llegar a fondo, casi siempre los resultados de los balances, eran mayormente positivos. Siempre había algún margen de error. Pero este año en especial, los errores eran demasiados. Y todo apuntaba al equipo de contaduría, pero al parecer el Sr. Mendoza, el flamante CEO, ponía paños fríos sobre las explicaciones, y todo quedaba a medias tintas.
Esto le llevaba a Katja y a sus compañeros mucho tiempo y desgaste, ya que parecía ser un camino sin salida. O lo que era peor, como errores de pérdidas sin poder dar una solución definitiva. Cosa que irritaba a todo el equipo, porque a nadie le gusta quedar como incompetente y no saber cómo explicar o subsanar un error. Y más cuando hay dinero de por medio.
El dueño y fundador de la empresa, el señor Walter Mendoza,  tuvo que presentarse en más de una sucursal, para poder así poner, además de presencia sus conocimientos en informática y contaduría, ayudar al equipo que estaba a cargo de semejante tarea.
El mismo, se puso a cargo de las tareas junto a un equipo altamente especializado. Katja formaba parte de ellos, aunque se sentía en inferioridad de condiciones, pero aún así, le ponía garra y todos sus conocimientos y astucias para poder ayudar y subsanar los errores.
Desde el primer día que lo conoció, fue algo arrollador. Su porte, su mirada, había algo en él que sentía familiar, y a la vez, le daba miedo.
El CEO de la empresa está para el infarto, pelo negro, ojos azules profundos, mandíbula cuadrada, metro noventa, quizás más, ancho, se ve que va al gimnasio porque más de una vez lo vio arremangándose la camisa en verano y se asomaron esos bíceps, que ufff..... Le daban ganas de pasarle la lengua.
Al final de alguna semana dura de trabajo, Katja siempre solía salir con sus compañeros a disfrutar de alguna cena o salir a algún Pub bailable. Le había costado un poco al principio integrarse, pero con la constancia de Rachel, y su más que buen humor, supo congeniar bastante bien con el resto del equipo y dejarse llevar y salir y disfrutar de la vida social de la gente de su edad.
            –No veo la hora de terminar este día, y salir a tomar unas copas. – insistía la alegre de Rachel.
            – ¿Solo piensas en fiestas y alcohol? Esta vez te sigo, pero que no se te haga costumbre. – le reprocho Kat.
            – ¿Sabes amiga? A veces pienso que tienes alma de vieja, tomas poco alcohol y casi nunca sales.
            – Es porque no tengo esa clase de prioridades, tú sólo vives para la rumba.
– ¡Rumba! ¡Eso! Tenemos que intentar aprender otros ritmos de baile, ¿Qué te parece?, a veces tienes buenas ideas.
– ¿Tú crees que si invitamos al Sr. Mendoza nos honrara con su presencia en alguna salida? Me muero de ganas por verlo de sport y en la disco. – Rachel siempre tenía ideas muy locas.
–Jajajaja, estás loca amiga, no creo que le guste sumarse  a ninguna fiesta. Parece demasiado serio. Pero quien te dice, quizás la vida nos cruce en algún lugar, ¿no? – sonaba más suplica que a afirmación.
Le hacía mucha gracia que Rachel siempre encontrara el lado bueno de las cosas. Para Kat no siempre fue así de fácil. Con el tiempo pudo salir adelante y hacerse de un lugar en tal renombrada empresa.
Por suerte esos tiempos ya habían pasado, aunque algunas cicatrices te marcan de por vida. Aprendió a no ser tan entregada con respecto al amor, si al sexo. Disfrutaba del sexo, aunque sólo lo tomaba como una necesidad fisiológica últimamente. Y se sentía patética al respecto. Quizás más al ver que sus compañeros estaban en otro nivel de vida, algunos casados y hasta con hijos.
Ella se veía un poco lejos al respecto de eso. Pero estaba segura con quien divertirse y con quién no. Desgraciadamente, en la empresa había personas un poco desagradables una vez que las conocías. Como ser el contador, era apuesto a pesar de haber pasado los 40 y muchos. Pero su mirada lasciva te hacia mantener siempre distancia. Y ni pensar en quedarse fuera de hora, y cruzártelo sola. Solo una vez le pasó, y pudo darse cuenta y no de manera apropiada, de cómo intentaba sobrepasarse con una pasante de la firma. Maldito hombre desagradable, manoseo a una joven empleada, intentando así, enmascarar un perdón a un tonto error que la pobre chica había tenido. Lo único que pudo agradecer, fue que la chica al otro día presentó la renuncia. Y el muy descarado, al día siguiente que recibió la noticia, lo festejó con una sonrisa lasciva. Como intuyendo que eso iba a pasar.
Por el contrario, el Sr. Mendoza, tenía una muy buena imagen con sus empleados y conocidos.
Era conocida su manera de ayudar constantemente a sus empleados para progresar en la empresa, ya sea de forma de cursos y demás, como así de pasantías en el extranjero para poder crecer y traer nuevas ideas y recursos a la empresa.
Así fue como Katja sintió atracción por demás sobre Walter, desde el primer momento en que fueron presentados. Fue algo secreto para el resto, pero para ellos, estaba la chispa constante, se ponían de acuerdo en más de un proyecto para poder sacar adelante inquietudes y proyectos. Además de tratar de poner en orden esa maldita auditoria, que les estaba consumiendo tiempo y  energía.
Más de una vez, coincidieron en risas, y hasta maneras de pensar. Katja caía rendida ante los comentarios y resoluciones de su jefe. Y más de una vez, se sintió observada por Walter, pero lo dejo pasar. Porque disfrutaba secretamente el sentirse observada y por momentos valorada por él. A quien en secreto, comenzaba a sentir algo más que respeto, no se podía negar que es un hombre muy buen mozo. Además de estar muy bien educado y profesionalmente formado, que era lo que a ella más le impresionaba.
Las oportunidades en que Kat y Rachel pudieron ver su sueño realidad en alguna fiesta de fin año, al poder observar gratamente a Walter. Enfundado en esos trajes costosísimos, eran un deleite para los ojos. Al igual que pudo sentirse en un sueño, las pocas veces que le toco compartir algún baile. Se sentía en una fantasía propia de un cuento de hadas. El galante príncipe, sacándola a bailar. Claro, eran solo vals por ser fiestas de etiquetas. Se moría por bailarle música disco, para poder estar más pegadito a él y poder sentir mejor su cuerpo.
Esas miradas chispeantes, que le hacían imaginar miles de cosas, no entendía porque se sentía tan cercana, en estas pocas oportunidades, cuando en la oficina la mayoría de las veces solo eran charlas frívolas, y exclusivas de trabajo. Aprovechaba cada baile anual, para poder tenerlo bien cerca, y al menos disfrutar de su roce, aunque fuera en tan pocas veces.
Kat, se sentía intimidada y hasta con un poco de celos con la cercanía que el Sr. Mendoza tenía con la jefa de finanzas. Una rubia escultural, con cara de pocos amigos y una manera de vestirse y moverse de zorra come hombres.
Las pocas veces que tuvieron que quedarse a trabajar después de hora, les parecía de más sospechoso la manera de dirigirse hacia Walter. Las miradas de Kat y Rachel, decían más que palabras, ellas se entendían perfectamente con solo mirarse.
Eran las típicas miradas, de revoleo de ojos cuando la Sra. Danniells, tan mimosamente posaba sus dedos sobre el hombro de Walter, o le hablaba de manera melosa. Las chicas respondían con gestos de asco, y hasta a veces simulaban meterse los dedos para vomitar. Eso hacia reír a los demás compañeros, la verdad era que este par de locas eran el equipo perfecto y además graciosas. En alguna ocasión fueron descubiertas por Walter, al hacer esos graciosos gestos de asco. Una oportunidad, a Kat le fue llamada la atención con una cara de reproche de parte del Sr. Mendoza. Cosa que logro que la cara de Kat fuera de un rojo tomate.
Lo que Kat no puedo saber, es que a Walter le daba tanta gracia como al resto de su gente. Salvo que él no podía dar a conocer esa diversión, ya que al ser la cabeza de la empresa, debía mantener aunque sea un poco de respeto.
Más de una vez, se quedo fantaseando con tener sexo en la oficina de su jefe. Ir gateando por la alfombra de la enorme oficina,  como gata en celo, por debajo del escritorio presidencial. Tomarlo por sorpresa en medio de alguna llamada. Sentirse observada con deseo y lujuria mientras lentamente le desabrocha los pantalones, y lo saborea por completo. Sintiendo como le llena la boca con su carne apetitosa. Y sentirlo gemir de placer, mientras ella se llena la boca hasta el fondo…..
            – ¡Tierra llamando a la gatita! –, la sorprendió Rachel sacándola de su ya habitual fantasía. Y tal fue el susto esta vez, que desparramo todos los papeles que tenía en la mano.
            –Parece que hay alguien un poco cansada el día de hoy, ¿verdad? – escucho frente a ella, mientras juntaba los papeles dispersos. Nada peor que sumado a su ya sonrojada cara por sus sucios y pecaminosos pensamientos, que encima levantar la cara y estar de frente al culpable de sus fantasías. No tuvo opción que ponerse más colorada aún, y tratando de evitar que no se diera cuenta, pero fue en vano. Rápidamente bajo la cara y siguió juntando los papeles y balbuceando una respuesta rápida.
            –Ehh, si, perdón estaba distraída. Fue un día agotador, si claro….
–Deja que te ayude, es lo menos que puedo hacer puedo hacer por ti hoy Kat. – fue su cordial respuesta. Y se agacho junto a ella para ayudarla a recoger los papeles. Kat se quedo embobada, mirándolo de cerca, y admirándolo.
Walter noto la sorpresa de Kat, al haberse agachado y ayudarla. Y no puedo evitar sonreír, al darse cuenta cuan embobada esta mujer lo estaba mirando. Terminó de juntar los papeles y se los entregó en la mano. Y al percatarse que nadie estaba cerca de ellos, se atrevió a tomar ese mechón rebelde que siempre se le escapaba de la coleta, y la coloco detrás de la oreja.
Kat quedo perpleja ante ese movimiento, sin dejar de mirarlo a los ojos. Esos ojos tan bellos y profundos que por la cercanía del momento se sentía perdida en ellos. El hechizo duró poco, Walter se dio cuenta que se había pasado de la raya, pero se moría de ganas por tocarla. Pero una parte de él rechazaba el encuentro.
Kat notó, que tan pronto como puso el mechón de pelo en su lugar, la barrera se elevaba una vez más. No podía comprender, como cada vez que parecía que algo más podría suceder, él la rechazaba.
Y con un acto de arrojo, le tomo la mano, tomándolo por sorpresa.
            –Gracias por la ayuda. Y por todas las oportunidades que me estás dando en la empresa. – todo esa frase salió de golpe, atropellada y casi susurrante.
            –Te mereces eso y más, solo que aún no lo sabes. – le respondió levantándose, y colocándose una vez más en el papel de ejecutivo. No debía bajar la guardia, se moría de ganas por tenerla en sus brazos, pero aún no era tiempo.
            – ¿De veras crees que me merezco más? – le pregunto, tratando de parar la huida, al mismo tiempo que también se ponía de pie, y veía como Walter se acomodaba la corbata, de costado, tratando de evitar mirarla de frente,  planeando la huida.
            –No tienes idea de la capacidad que tienes, y que desaprovechas aquí.
            – ¿Quieres que me vaya? ¿Eso me estás diciendo? –No podía creer lo que le estaba insinuando. Pero la verdad es que la estaba evadiendo.
            –No es eso…­
            – ¿Qué es? Dímelo, pero dímelo a la cara. – le exigió con vos firme.
            –Eres tan bella cuando te enojas. – le dijo de frente, con una pequeña sonrisa,  sin dejar de mirarla a los ojos. Kat sintió que las rodillas le fallaban. No podía creer lo que le estaba diciendo en ese momento. Sintió que una especie de electricidad llenaba el espacio entre ellos, como si quisiera unirlos.
Pero la magia se rompió abruptamente, cuando la Sra. Danniells entro intempestivamente al despacho.
            –Walter querido, ¿todavía por acá?, pensé que ya te habías retirado. – y paso al lado de Kat como si ella no estuviera ahí, lo que la obligo a romper esa conexión y apartarse. Dio media vuelta y se dirigió hasta la puerta. Con la cabeza embotada por lo que había ocurrido.
Al llegar a la puerta, giro y se despidió hasta el otro día. La Sra. Danniells como de costumbre le contesto sin ni siquiera mirarla, era obvio que se sentía superior. En cambio Walter le dirigió una mirada triste, y la saludo con un simple gesto.
            -Bien Jordana, ¿Qué necesitas?, dime estoy muy ocupado. – se sentó en su escritorio, ignorándola por completo. Kat solo atino, a cerrar la puerta, y salir un poco apenada, porque no le quedaba muy en claro. ¿La quería lejos o la quería cerca? Cada vez que algo los acercaba, él se alejaba, como si le diera vergüenza de Kat, o eso al menos pensaba ella. Se sentía muy confundida al respecto.
            -Ah querido, porque tan serio, si quieres yo podría hacer algo para aliviarte un poco, te vez algo tenso. – dijo Jordana muy melosa, a la vez que sentaba en el borde del escritorio con las piernas cruzadas, pero de manera muy sugerente. Al notar que Kat se iba y cerraba la puerta.
            -No puedes hacer nada Jordana, ya te dije mil veces que vas por mal camino. Si no tienes nada más por decir, por favor te invito a retirarte, tengo mucho trabajo atrasado. – le informo sin dejar de mirar la pantalla de su portátil.
            -Recuerdo que solías ser un poco más amigable conmigo, ¿Qué te pasa? ¿Te gusta mucho esa mosquita muerta con la que sueles trabajar tan seguido?
            -¡Ni soy amigable, ni nunca lo fui! Fue solo una vez, un estúpido error Jordana, y nunca, y que te quede claro ¡Nunca más, se volverá a repetir! – le contesto furioso cerrando de golpe la pantalla de la portátil. Ya estaba cansado de los constantes avances de Jordana. Lo que hizo que esta perdiera la sonrisa, y se levantara de un salto del escritorio.
            –Solías ser más simpático en otros tiempos, y te recuerdo que fui yo quien te mostró lo que es una verdadera mujer, no esas furcias que solías frecuentar en ese club de prostitutas. Pero está bien, tú te lo pierdes. Por esta lo dejare pasar, vamos a echarle la culpa al exceso de trabajo. ¡Chao amore! Nos vemos. – Y así como si nada, después de escupir su veneno se marcho. Dejando a Walter con una furia tremenda, como cada vez que le machacaba el tremendo error que fue haber tenido sexo con esa víbora.

Kat llego a su pequeño departamento llena de dudas e interrogantes. La frase que Walter le dijo, le daba vueltas en la cabeza una y otra vez. Sentía que se sonrojaba de solo pensar que al otro día tendría que volver a mirarlo a la cara. Se moría de vergüenza cada vez que recordaba la situación. No durmió demasiado esa noche, se la paso mirando el techo, recordando el tierno toque de su mano. Y recordando esa sabrosa fantasía, en la oficina de su apuesto jefe.










3 feb 2016

Zorras Literarias Web Magazine

Buen días mis preciosas princesas!!

Les presento a Zorras Literarias, un grupo de chicas que armaron una revista literaria, centrado en la literatura, y en especial a los autores autopublicados.
Acá les dejo el link, en el cual estas maravillosas chicas me están publicando el relato de Servicio bajos las sombras.
Para que puedan ponerse al día de las próximas publicaciones de nuestros autores preferidos, y los nuevos.
Que lo disfruten!!!!

http://issuu.com/zorrasliterariasmagazine/docs/zlm_diciembre2015/1?e=19226521/32142301